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Pedro Hernandez Avila

Nace en el Carmen de Bolívar un 10 de enero del año 1963, hijo de Jaime Hernández Sierra y Magola Ávila Marín. Es el Mayor de 7 hermanos, desde muy niño inclinado a las artes, inspirado en la naturaleza y los enigmas de esta se inclina por la pintura, pero sin dejar el amor por la poesía y la dramaturgia, es así como escribe cuentos cortos y una novela que aún se encuentra inédita. La poesía un poco realista pero sin dejar la influencia de poetas modernistas y surrealistas se adentra en el campo de la soledad y el alma compungida, el silencio la vida y la muerte.


Andamiaje…

Voy hacia tu silente sueño
Para partir en dos tú historia
Para colgarme en el regazo
De tu ignorante faceta de almizcles
De atardeceres muertos.

Asido a tus enaguas
Miro el cielo arrojado tras el hueco
Oscuro del olvido
Y de rodillas imploro
Aquel beso tácito que se desprendió de ti.

Aquí estoy…
Mirando reclinado, el último suspiro del día…
Esperando…


Recortos

Al otro lado del silencio
Se desgranan las sombras
Y el recuerdo camina despacio
Hacia el olvido.
Ando silencioso frente a tus ojos
Buscando la savia de la vida
En el beso impío
De tus labios de mujer- muerte.
La sonrisa que se hiela
Cada vez que te miro
Es el espacio inexistente
Entre tu vida y mis muertes.

Desde esta otra orilla

Te miro como cuando niña
Tomando agua en la manguera y corriendo
Tras el sapo y cazando lagartijas
Mirando inocente la desnudez del tiempo

Ahora te pierdes nublada en el vaivén
Del columpio solitario del totumo
Y en el cabello sintético de la muñeca
Que cuando tierna era tu hija.

Estas enredada en una hoja de papel en blanco
En el poema aquel que esperó incesante
Que de una u otra forma lo escribiera
Para describir tu flor y a la vez tu hastío.

Ahora estoy en esta otra orilla
Donde el viento no gime
Y el tiempo es sólo un pedazo
Del vestido rosado que rasgué.


Utopía

En el Olimpo estaba Zeus
Mirando el dormir del tiempo en la cola
De la cometa que cuando niño
Dejé escapar a los montes
Mientras miraba el nacer del nuevo hombre
Pintado por Dalí…
Y me vi reflejado en los ojos del silencio
Cabalgando en mi corcel imaginario de imaginaciones
Cantando una canción inexistente
En los labios de la muerte.


Mi primera muerte

El tiempo se desgrana entre mis manos
Y cae, gota a gota, hacia tu silencio…
Y voy dejando un abismo de sueños ensartado
En la vieja durmiente de la esquina
Que fingía un bostezo…
Perfumamos la copa con el aliento
Y formamos tantos hijos
Que se perdieron en los rizos del viento.

Hoy eres canción y silencio detenida en el beso
Que se heló en el tiempo…
Y en el caos de unas pupilas inocentes
En el pezón ardiente del deseo
En el miedo de una lluvia inexistente
Que mojó, sin saberlo,
El súbito brote de mi primera muerte.