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Edwar Buelvas Mendoza

Nació el 6 de enero  de 1967 en El Carmen  de Bolívar. Licenciado en filosofía y letras. Especialista en docencia universitaria y educación personalizada. Docente de la Institución Educativa Técnica Industrial Juan Federico Hollmann. También ha ejercido como tutor en programas de educación abierta y a distancia, en la Universidad de Cartagena y en la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo. Ha publicado textos literarios y pedagógicos en distintos periódicos y revistas de la Región Atlántica. Ha publicado el libro Historia del miedo en 2006.

 

Tedio

De vez en cuando es bueno morir un poco

cansarse de la ropa y los zapatos

colgar la vida en el perchero

al lado de un paraguas

o de algún saxofón

 

Una espina rompe las venas

y el tambor del crepúsculo

se aja el pensamiento

se alborota la risa de los malos deseos

 

Un vital ejercicio

para un lunar al borde de unos labios sin gusto

 

En mi pueblo

la sangre ama a los atardeceres

de vez en cuando

hay fiesta y se prenden los cañones

 

 

Historia del miedo.

Involuntariamente,

la luz de tu ciudad en trance

entra en mi pecho incendia la rutina.

 

Mi guerra es no dejarme tocar

por tus deseos

 

Es inútil llorar muertes ajenas.

Las nuestras ya vendrán desde algún sitio

sin pedirnos permiso

sin darnos concesiones

 

En mis venas los rostros se desplazan

indiferentes y tristes sin memoria

sin un pan que morder sin una zarza

que arda en el camino de los desheredados

 

Involuntariamente

el miedo

-agua de vendaval- carcome la paciencia

y el hueco de la sangre en surtidor se desparrama

como un chorro de nada tras de todo

 

Hay un eco de voces en el agua

un grito en la paciencia de la carne.

 

 

¿Quién soy?

El enigma de la palabra

en la roca

trajo mi nombre al paso de los días

 

La duda que hay implícita en el tiempo

se clava como el dardo

en el jaguar de mis ancestros

 

¿soy yo? No sé si hubo un suspiro

en la efusión de noches con orgasmos

no se si hubo pasión en la carne

que hace siglos me trajo una sonrisa

 

en el ombligo de la tierra

estoy colgando

a penas

con ganas de beber

de unos senos de madre.

 

Los días sin ti.

Los días sin ti

me traen el delirio de la ausencia

me carcomen la lengua

me cuecen las ideas

 

ardo en fiebre

amalayo

no me caben en el cuerpo

mariposas ni piel

ni mi alma sostiene ahora mis suspiros

 

los días sin ti son tristes en mi memoria

invento cuentos de miedo

en la penumbra

incito el mal

pido a la tierra que me devore

ahuyento pájaros del aire

convoco espantos y gritos destemplados

las palabras se afean los silencios

se aturden

 

los días sin ti son crueles en mis ojos:

veo el desierto de tu piel

y el aroma perdido de tus huesos

veo la oscuridad y no veo nada

veo el tiempo

y no siento el latir de tus venas

veo el camino y no te alcanzo el pie

veo la lumbre y la luz ya no brilla

estoy ciego sin ti y estoy perdido

 

los días sin tu ser son aves sin mensaje

aves de mal agüero

que rondan mi cabeza

aves desordenadas que me pican los sesos

que me hacen desvariar

y ahogar mis sueños en un ronquido estéril

con falacias a bordo

verdades inventadas

seguridad incierta en este río revuelto

sobre un buque falaz que viaja sin destino

 

los días sin ti son noches sin sosiego

puerto deshabitado

donde cuento las olas

que van y que regresan sin noticias

ni espectros de nuestras soledades

ni vestigios de ensueño.