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Jorge Ramírez Caro

Nació en San Jacinto en 1964 radicado desde 1983 en Costa Rica. Es profesor de la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje en la Universidad Nacional y en la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura de la Universidad de Costa Rica.

Poeta, novelista y ensayista, entre sus obras se cuentan: Las sombras de la noche (1983), La máquina de los recuerdos (Premio UNA-Palabra, 1992), Sombras de antes (Premio UNA-Palabra, 1997), Las cenizas del sentido (Premio Editorial Costa Rica, 1999), Los rituales del poder (1997), Guía de razonamiento verbal (2000), Las cenizas del sentido (Ensayo, 2001), Los juegos del duende (2002). En el 2005 ganó el Premio de Novela Ateneo Valladolid, España, con la obra Jinete de sombras. Novela psicológica, primera de una trilogía que le inspiró el asesinato de su hermano César Miguel en 1997, un relato que fue escrito "para que su muerte no quedara impune ni pasara al olvido".

Graffiti

La noche tenía sólo una cárcel
La cárcel tenía sólo una celda
La celda tenía sólo una pared
La pared tenía sólo una palabra
La palabra decía sólo adiós.
Todo ese tiempo el prisionero
Quiso escribir una sola palabra
Pero la fiebre lo hizo temblar
Y nunca escribir amor.

El prisionero tenía sólo una vida.

Entre dos sombras

Nadie regresa de la muerte porque esté vivo 
Porque le quede un pedazo de vida: 
Vuelve por la esperanza de los que esperan 
Por el amargo dolor de la madre 
Por el tiempo que lleva la mujer 
Parada en la puerta 
Viendo para allá y para acá. 
Uno vuelve en definitiva 
A responder las diarias preguntas del hijo 
Por las cosas que no quieren seguir siendo si uno: 
Por el día que pierde su color 
Por la noche que oculta sus estrellas 
Por la casa que parece vacía 
Por la comida que no sabe a nada 
Por la amada que dice estas cosas. 
Ningún muerto vuelve a casa 
Porque tenga permiso de andar entre dos sombras: 
Vuelve por la vida que todos le dan en la espera:
El cielo ya no vuelve sobre nosotros 
Desde que no estás. 
Pero hay madres 
Hay hijos y amadas 
Que les queda el corazón agrietado en lágrimas.