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Sebastián Mesa Merlano

Nació en El Carmen de Bolívar en 1891. Estudió en el Instituto Pareja de su pueblo, posteriormente estudió derecho en la Universidad de Cartagena. Ocupo varios cargos a nivel nacional, entre ellos el de juez de la república. Murió en Cartagena en 1965.

 

Tempestad

Más allá de las cumbres donde deja

La niebla grumos de matiz cobarde,

Vestida de relámpagos se aleja

Con repentina prontitud la tarde.

 

Noble montaña: Sus dominios veja

Vientos irascibles, en poderoso alarde

Sin que numen fraterno en la compleja

Desolación su invalidez resguarde.

 

¡un trueno y otros!...tempestad ingente

Astillando los árboles revienta

Todo a su paso inconjurablemente.

 

Ceden las cumbres, rueda la cabaña,

Y al trágico fragor de la tormenta

Parece que se hundiera la montaña.

 

Marina

El mismo mar: en su horizonte finco

Una esperanza. Resplandor egregio

Contra rotos peñascos torna el brinco

De las olas en raudo sortilegio.

 

Bullidora de la espuma, encaje regio

Ciñe la playa con nervioso ahínco,

Y se agrava en el ámbito el arpegio

Del agua inmensa al expirar las cinco.

 

Lo inefable…la luna cautelosa

Perfila lentamente en las profundas

Soledades su imagen nebulosa.

 

Y hosco el mar, ante la sombra urgido,

Enciende sus melenas iracundas

En la sangre del sol recién hundido.

 

Síntesis

Por encima de bravas cordilleras

Bate El Carmen olímpicos pendones

Mientras retumba el alma de guerreras

Edades, en la voz de sus canciones.

 

Más allá…sobre clásicos peñones,

Imagen de orográficas quimeras,

Abre Ovejas, ardida de ilusiones,

Al futuro mil rutas lisonjeras.

 

Y viene Corozal: Ennoblecida

Luce de Atenas límpido reflejo

En los brazos abiertos de la vida.

 

Y cuando ardiente la penumbra absorbe,

Grita el sol: ¡Sincelejo! ¡Sincelejo!

Cómo un saludo luminoso al orbe.

 

Háblame

Por ti, señora, en empinadas quiebras

Repite el viento peregrino adagio;

Por ti, en éter –atrevido plagio-

Treme la luz si la pupila afiebras.

 

Lejana bruma en temblorosas hebras

Transparente un erótico presagio,

Y no se si tu dicha o mi naufragio

En tu sonrisa impávida celebras.

 

Háblame pues, aunque tu voz circuya

En densa sombra mi ilusión distante

Quiero saber, por confidencia tuya.

 

Si la sonrisa que en tu ser palpita

Es el rastro de un sueño agonizante

O el fuego de un amor que resucita.

 

El  indio

Alta noche: sonámbulo enmaraña

Su angustia en la tiniebla. Seducido

De pronto  por su astro, urde  una hazaña

El motilón sobre sus pies erguido.

 

Resuelto, el arco en relación extraña

Al cielo tiende. El dardo, estremecido,

Veloz remota la profunda entraña

De la sombra, con pávido  silbido.

 

¡cazador de imposibles  en la  oscura

Inmensidad la lumbre lisonjera

Tras intenso flujor, fluge más pura.

 

Y con la fe que el corazón engaña,

La caída del astro el indio espera

Sobre el áspero ijar de las montañas.