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Jose Antonio Cabarcas Angulo

Nació en San Cayetano, corregimiento de San Juan Nepomuceno el 26 de julio de 1955.  Desde los 12 años  ha vivido  en Arjona donde estudio en el Colegio Benjamín Herrera.  Abogado de la Universidad de Cartagena y ex-notario de San Juan Nepomuceno. Trabaja la poesía y la narrativa, tiene un libro inédito de poesía y otro de cuentos. Actualmente trabajo su segunda novela sobre la etapa oscura de la violencia en los Montes de María. Fue miembro del taller candil de la Universidad de Cartagena. Ha hecho algunas publicaciones en revistas y periódicos.


POSTERIDAD
 
Cuando por fin tenga tu amistad y ya estuviere anciano o muerto
mis últimas noches serán iguales a mis primeras noches
y ya no importara nada porque no serán bonitas las mañanas.
Pero sentiré la turbación de saber que hubo un día en el que supiste que mi sentimiento
fue vigoroso y limpio  mucho tiempo.
Y si llegase a adivinar el día en que he de morir lo haré satisfecho
porque la noche del día siguiente llegara contigo
y quizás te angustie saber que mi amor ahora posee la eternidad del silencio
un silencio que se romperá cada vez que la armonía del universo murmulle a tus oídos.
 
Y me gusta que sea así.
De verdad.
¿Acaso no es mejor conocer la verdad cuando puede entenderse?
Si eso es así entonces todo está bien.
 
Puedes estar solemne en mi funeral,
Puedes narrar mis frustraciones y danzar en torno a mi ataúd,
Ya no tiene valor mi prioridad de verte bailar o hablar contigo.
Entonces lo que sea que hagas solo servirá para conjurar tu culpa
 
 
HEREDEROS
 
Has vivido en mi verdad de tantas formas
de tantas tristes formas
como la del raro rastrillar de mis dientes cuando he sido descubierto infraganti
como la tristeza de la risa
fingida en el momento en que se  debía llorar.               
 
Tu glaucoma miserable me concierne
y la recibes de la misma forma en que el ave hereda el vuelo
y allí las sombras crecen y arman tentaciones
y la luz ya momentánea en un pasillo estrecho
solo me trae presencias de aromas de malvas,
de bosques inmóviles en días sagrados
de ángeles tranquilos
y a uno que otro demonio tembloroso como pez que se asfixia.
 
Como siempre juegas en mis manos
sin escuchar, sin poder ver,
liberado del dolor
y yo ahí detenido como si nada sucediera,
comprendiéndote,
esperando la primera lluvia que inventas
o la siguiente  tierra seca para tus pasos
y yo ahí fijándome en tus ojos
buscando raíces, brasas, hojas nuevas y una tabla para arrimar mi espalda.
 


NADA ES POR TI
 
 Sobreviviste nutriendo tu imaginación con mis verdades,
masticaste algún secreto que ingresó por tus venas aun sin cocinarse
y produjo sensaciones de ardor como si fuera una hiel o una raíz
y era mi dolor
mi pobre dolor de flor malvada clavada en mi carne,
y era un laberinto embelesándome desde adentro
una obscura nube flotando sobre mí.
 
Pero no era por ti
no era tu error ni mi pecado
no era suficiente la timidez de tus ojos
para dibujar tu cara y agregar una mano o un pie
o tus ojos llenos de miel
o tu cachete lleno de canela o bálsamo
o lleno con toda la cálida geometría de tu cuerpo.
 
Nada es por ti,
mi dolor se debe a este amor inmenso
que no sabe por cuál de los caminos conducirse
es por este amor
que es como un vacío llenándose de ti todo el tiempo hasta el colapso
es por este amor inexplicable matándome en los sueños
ahogándose en los pensamientos
pudriéndose de miedo en el temblor de las rodillas.


DESTINO
 
Considero extraordinario el leve movimiento de la vida
a pesar de que he nacido siendo inhábil e indefenso
indefenso  hasta el día en que conocí el asombro
y abandoné el  refugio que heredé de mi hermano
 
aun sin poder estar firme y conocer el universo de los otros
me vuelvo misterioso cuando siento angustia  por la muerte inevitable de una araña
o el sacrificio innecesario de un ave cuando vuela.
 
Sin embargo aplasto a las orugas cuando devoran las hojas de las trinitarias
como si confirmara la perversa debilidad de mi conciencia
y luego cuando ya la muerte ha aromado mis manos, me arrepiento.
 
Comprendo entonces la inutilidad  de tantas acciones que terminan olvidadas
por ejemplo, llorar la muerte de un amigo o un hermano que han  mostrado la magnitud de sus destinos
entonces,  y debo decirlo, pienso en la irrefutable verdad del mío,  por el que no podré llorar.